lunes, 14 de marzo de 2016

El viento y la piedra. Celda contemporánea

Totemismo, espiritualidad y dinamismo son tres conceptos constantes en la obra de Saúl Kaminer. Este artista nacido en México pero conocedor de otras culturas, en especial la francesa debido a su estancia en París y generar obra para galerías prominentes de ese país, intenta hacer vínculos entre el totemismo de las culturas norteamericanas con el nahualismo mexicano con la finalidad de encontrar un sentido espiritual en el mensaje de la pieza artística. Por otro lado el dinamismo antes mencionado radica en el movimiento de la línea que usualmente concebimos en un plano bidimensional, no obstante lo traslada al espacio escultórico, dando como resultado una combinación entre la línea y el volumen. 

La pieza El respiro del respiro que se encuentra en la Celda Contemporánea de la Universidad del Claustro de Sor Juana, consiste en una instalación "suspendida en el aire" mediante unos hilos transparentes que sostienen una madeja muy intricada de una tubería metálica con una extensión de aproximadamente 14 metros de largo. Solo hay un extremo que logra salir para conectarse a una bocina que reproduce un audio en donde se escucha una respiración agitada, acompañada de notas musicales interpretadas por un instrumento de aliento. La sala está iluminada en tonos azules que se reflejan en los tubos de la pieza. 

Es una escultura que requiere de un tránsito para poder ser percibida en su totalidad y a pesar de ser una sola entidad, cada sección de la obra mantiene una independencia con sus correspondientes. Tiene apariencia de estar constituida por un material pesado pero al tocarla comprobamos que en efecto el material es tan ligero que los hilos que lo sostienen no realizan mucho esfuerzo.

A pesar de que la pieza no se mueve, es bastante dinámica, y ese dinamismo radica en lo intricada que se presenta la estructura, el movimiento que se produce de un lado se replica en los extremos del otro. Por otro lado, la combinación de sonido con respiración agitada, logra crear una sensación de incertidumbre, ahora que si metemos el elemento metálico de la pieza escultórica obtenemos un ambiente artificial, oímos respirar a una máquina: "Vida industrial", también podría llamársele.


sábado, 12 de marzo de 2016



El viento y la piedra
Saúl Kaminer y Francisco Muñoz
por Diego Nava

La erosión suele ser lenta, el tiempo descompone y deshace. La tierra desnuda como testimonio de la fuerza del viento. Alternancia y disgregación.

Entalladuras esculpidas vigorosamente, corrosión-erosión en la alternancia del desplace de las partículas dispersas. Explora los espacios como fragmentos de los procesos de desgaste del movimiento.

Vestigios de la Celda, representaciones del objeto, dispositivos de cotidianeidad, códigos de los individuos convertidos en una existencia pulverizada.

Las estimulaciones oscilando en el cohabitar, disponibilidad por la forma, un hombre sin certeza suavemente finalizado en la disgregación de la materia.

Saúl Kaminer , toma partes de “ sombra de la sombra, y lo lleva al espacio de la tridimensionalidad, establece un diálogo entre sus formas conocidas, sombra, color, soplo…

Materialidad como extensión de la forma, respiración paradójica en el vacío, propagación de vibraciones que suplanta el movimiento toraco-abdominal que produce un repliegue inmediato al desplazamiento engendrado en la transformación del espacio.

Movimiento continuo, impulso de libertad, dirigida hacia una meta, darse un fin vinculado con la contemplación, lo transitable como un estimulo mistificado del cuerpo que exacerba el movimiento como un avatar deliberado, un imperativo de lo plural desprovista de autonomía y pulverizada a nuevos fines.

El viento y la piedra es el resultado escenarios flexibles en función de transformar el distanciamiento del espectador hacia un proceso de personalización, aseptiza el lenguaje (en cuanto a entender únicamente lo que dice el texto). Hay vacilación al camino que conduce.


viernes, 11 de marzo de 2016

Ruina relativa

Ruina Relativa

Celda Contemporánea es el recinto que alberga la exposición "Del viento y la piedra". El dialogo que entabla el lugar con la obra expuesta puede desarrollar una bifurcación narrativa, debido a que el espacio en sí, ya está ocupado por la ruina relativa del convento. Encerrado en un piso de cristal translucido y enmarcado en solera de acero los vestigios son exhibidos como recordatorio de un pasado histórico colonial. En este sentido generan tensión visual y discursiva, proporcionan un contraste respecto a la obra expuesta.

Aunque es relevante mencionar que el artista Francisco Muñoz con su obra La espuma del mar frío, a mi parecer logra generar una simbiosis con el espacio: sus fósiles de concreto tienen una relación con lo antropológico, el vestigio histórico que pueden tener los objetos que están arrojados en el piso de cristal. “Lo que ves no es lo que es” también es otro de los recursos que Francisco genera in situ, un sistema discursivo material muy conocido en el arte contemporáneo, causar una catarsis visual encontrando como espectador una pelota que está hecha de concreto.


Creo que puede ser complicado para cualquier artista expositor que tenga la intención de intervenir este espacio, no tomar en cuenta el carácter histórico colonial del propio recinto ya que en mi opinión es fundamental tomar en cuenta. 

jueves, 10 de marzo de 2016

SINCRETISMO A TRAVÉS DEL SONIDO

En la exposición “Del viento y la piedra” la Celda Contemporánea alberga la obra de dos artistas cuyo camino difiere no solo por la diferencia de generaciones. Este espacio, sin embargo, logra establecer un diálogo entre el trabajo de Saúl Kaminer y Francisco Muñoz a través de una temática en común: el viento. Ambas obras (creadas especialmente para este lugar) retoman este elemento transparente y lo reinterpretan en materia de captación sensible, de forma que cada una habita el espacio de manera distinta.

La primera obra a la cual nos enfrentamos es la pieza de Saúl Kaminer, una escultura que se transforma en instalación por el ambiente que logra construir a través del conjunto de sus elementos. En ella, tubos de ventilación han sido unidos conformando una especie de serpiente suspendida del techo, que a la vez nos remite al recorrido del viento a través de la sala. Uno de sus extremos se encuentra conectado a una bocina que reproduce una serie de sonidos relacionados con la respiración y cuya vibración viaja a través de cada centímetro de la escultura. El sonido que emite se puede escuchar con una intensidad diferente en cada lugar, lo cual logras percibir al revisar cada ángulo de esta pieza. Pues es una obra transitable, que invita a que sea recorrida y que además te da la sensación de estar flotando en el aire gracias al suelo de cristal por el que se camina. Así, aunque el material que se utiliza contrasta con el lugar, logra establecer una conexión armónica a través del sonido y el recorrido.

La siguiente sala expone la obra de Francisco Muñoz. Y en esta ocasión nuestra mirada se dirige al suelo, pues la obra consta de pequeñas esculturas colocadas a lo largo de él. Inspirado en la erosión de piedras que se da en algún lugar de Tlaxcala a causa del viento, intenta trasladar la sensación de ese paisaje a una sala de exhibición, logrando que en el espacio persista la calma y tranquilidad propias de un jardín. Al caminar por la sala, uno nota que las esculturas reproducen objetos de uso cotidiano hechas de concreto. Pelotas, juguetes, balones e instrumentos musicales que tienen alguna relación con el aire se convierten en fósiles artificiales. Estas ruinas intencionales dialogan con los vestigios debajo de ellas, pues a través de las sombras que se traspasan por el suelo de cristal las dos etapas se mezclan, casi mimetizándose.

A pesar de que las dos obras materializan el viento de forma distinta, logran conjuntarse a través del sonido. Pues el aire, permite que aun estando en la segunda sala no te despidas por completo de la grabación de la obra de Saúl Kaminer. La distancia logra que solo se convierta en un pequeño susurro que se adapta con la sensación que desea transmitir Francisco Muñoz. Y es de esta manera como se logra el diálogo entre dos artistas de diferentes generaciones.


Fernanda Crispín

El poder del viento

Del 24 de febrero al 16 de abril de este año se presenta en la celda contemporánea de la Universidad del Claustro de Sor Juana la exposición Del viento y la piedra en donde participan dos artistas mexicanos; Saúl Kaminer y Francisco Muñoz, los cuales intervienen con sus instalaciones un espacio muy especial de esta institución ya que fue destinado a ser habitado por piezas de arte contemporáneo a pesar de ser una de las áreas donde se encuentran parte de las ruinas del antiguo convento, que ahora se protegen por un grueso piso de cristal.

Con la presencia de las obras de dichos artistas el significado de este sitio cambiará por completo y el aire será el elemento que unirá a ambas instalaciones.
12837232_10153799878272529_486729839_o.jpgAl comienzo del recorrido nos encontramos con la pieza de Kaminer quien nació en la Ciudad de México y es egresado de la UNAM pero ha pasado gran parte de su vida en Francia. Su obra El respiro del respiro comenzó siendo un dibujo pero él decidió darle vida tridimensional haciéndola respirar. Una serie de tubos de aluminio industriales colgados del techo como tentáculos metálicos ocupan gran parte de la primera sección de la celda. Como niños curiosos nos ponemos acercar y transitar entre los tubos al igual que tenemos la oportunidad de sentirlos como si fuera un animal desconocido y pasivo.

12776855_10153799878302529_769519917_o.jpgEn la segunda sección podemos conocer la instalación de Muñoz, quien es originario de Tlaxcala y ex alumno de “La Esmeralda”. En su obra La espuma del mar frío conviven objetos que de alguna manera mantienen una relación con el aire, a pesar de que algunos son encontrados en la naturaleza (como conchas, piedras y fósiles) y otros son meramente artificiales (como balones y juguetes de hule) son unidos tanto por el aire como por su material, ya que todos son réplicas de concreto. El hecho de que se encuentren en un piso de cristal provocan una sombra que se refleja en las ruinas, haciéndolos parecer que flotan en el aire, dando una sensación de una ligereza imposible dado al material.

Sin duda es una exposición donde ambos artistas dejan ver su genialidad al mostrar la manera tan natural en la que estas dos instalaciones están habitando dicho espacio, donde se evidencia el poder del viento, que sin importar que sea invisible puede respirar al igual que  posee una gran fuerza que es capaz de transformar nuestro entorno.

martes, 8 de marzo de 2016

Del viento y la piedra

Exposición Del viento y la piedra en la Celda Contemporánea de la Universidad del Claustro de Sor Juana
Del 24 de febrero al 16 de abril de 2016, se exhiben las obras de Saúl Kaminer y Francisco Muñoz, dos artistas que interpretan el viento y sus influencias en la materia, ya sea a través de la lectura acústica de lo que provoca en el interior de una estructura tubular, ya sea a través de la erosión sobre la piedra.
La primera obra que encontramos al entrar en la celda contemporánea, es una estructura tubular suspendida en la que se recrea acusticamente lo que haría el viento al canalizarse dentro de la estructura.
Una vez que logramos sentir esa secuencia de la forma y el sonido, se pasa a la segunda obra, esta vez el autor se sirve de vaciados en cemento de piedras erosionadas y elementos humanos diversos.
Mientras observamos los vaciados sobre la ventana arqueológica de la celda, se escuchamos el viento que pasa dentro de la primera pieza, por lo que está siempre presente como fondo mientras observamos la segunda obra.
Los vaciados están sobre el vidrio de la ventana arqueológica lo que hace que se reflejen en las ruinas y den la impresión de flotar entre el pasado y el presente arquitectónico del espacio.
Es interesante observarlas sin saber quién es el autor y regresar una vez que se tengan más datos, lo que nos muestra que hay informaciones que no son realmente importantes como saber que los artistas son de generaciones diferentes, y la obra nos provocará impresiones diferentes de la inicial al conocer lo que inspira a uno y a otro artista a utilizar el viento como material y, algo notable, cómo el espacio modifica las obras.
La primera obra es de Saúl Kaminer, miembro de la Galeria de Arte Lewinson, su búsqueda lo ha llevado a incluir las sobras como parte consciente de sus esculturas y se interesa en desarrollar el tema del Totem. Siempre buscando descubrir la identidad.
Francisco Muñoz. El autor de la segunda obra, visita frecuentemente una región de Tlaxcala donde el viento erosiona constantemente las colinas. De ahí que su obra intente reproducir las emociones que prueba cuando está en ese lugar.

La celda contemporánea tiene una de las ventanas arqueológicas más grandes de la Ciudad de México, los restos del Convento jerónimo de Santa Paula están siempre presentes mientras se observan las piezas contemporáneas e interactúan con ellas.
Gracias a las características de un espacio tan especial, las obras adquieren una forma y un fondo que no se repetirán si las mismas piezas se exponen en otro espacio. 
Claudia Negrete

lunes, 7 de marzo de 2016

Celda Contemporánea: Del viento y la piedra 
Gracias a últimas remodelaciones dentro de la Celda Contemporánea se lleva a cabo un nuevo formato de exposición dentro de ésta, la cual propone el diálogo entre dos artistas que expongan en la misma y donde sea posible apreciar el acercamiento o diferencias que estos puedan tener y un mayor entendimiento con el público.                                                                                                                                                    Para inaugurar dicha remodelación se expone aproximadamente desde mediados del mes de Enero la exposición Del viento y la piedra de los artistas plásticos Saúl Kaminer y Francisco Muñoz. Es importante mencionar que dichos artistas son de edades distintas, lo cual actualmente dentro del arte contemporáneo es de vital importancia.
El montaje está enfocado en el viento y su viaje a través de la materialidad. En la primera sala se aprecia la obra de Kaminer, la cual está hecha a base de tubos flexibles de aluminio, suspendidos a lo largo de la sala y en donde el sonido de la respiración viaja a través de estos. El haber remodelado la sala hace que dicho montaje se aprecia tanto a la vista del espectador como un reflejo que es posible ver en el piso de cristal del cual posibilita el paso de las personas y cubre las ruinas del lo que alguna vez fue el convento de San Jerónimo. En la segunda sala encontramos la obra  de Muñoz, dicha sala, de igual manera que la pasada está cubierta con cristales que hace tanto visible las ruinas como el paso de la gente; sin embargo lo que el artista en dicha sala se encargó de hacer es cubrirla de manera variada por objetos a base de yeso, que de una u de otra forma tienen una relación con el viento. Ambas piezas son completamente distintas, pese a esto las dos encuentran una conexión tanto con el espacio como con el concepto del viento y sus distintas manifestaciones. Pese a esto considero que aunque entre ambas existe un concepto que las une y aunque el espacio tenga contemplado una nueva forma de diálogo entre las exposiciones que se montan, dicha unión no logra visualmente del todo completarse. Cada una respeta el espacio de la otra sin una exploración en donde la pieza de cada autor pueda interactuar con la otra haciendo de alguna manera, más dinámica su exposición de dejando  a simple vista que el viento se encuentra en ambas.

Puede parecer pretencioso lo que escribo, sin embargo, creo que debido a la época en la nos encontramos inmersos es importante que las exposiciones dejen en claro lo que se quiere decir ayudando así a que el público  tenga una idea correcta de lo que el artista busca decir y como un intento de nuevas vías de comunicación con el espectador, dejando de lado la dependencia de un texto que justifique lo que se hace dentro de la exposición.

Rebeca Abad A.