jueves, 10 de marzo de 2016

SINCRETISMO A TRAVÉS DEL SONIDO

En la exposición “Del viento y la piedra” la Celda Contemporánea alberga la obra de dos artistas cuyo camino difiere no solo por la diferencia de generaciones. Este espacio, sin embargo, logra establecer un diálogo entre el trabajo de Saúl Kaminer y Francisco Muñoz a través de una temática en común: el viento. Ambas obras (creadas especialmente para este lugar) retoman este elemento transparente y lo reinterpretan en materia de captación sensible, de forma que cada una habita el espacio de manera distinta.

La primera obra a la cual nos enfrentamos es la pieza de Saúl Kaminer, una escultura que se transforma en instalación por el ambiente que logra construir a través del conjunto de sus elementos. En ella, tubos de ventilación han sido unidos conformando una especie de serpiente suspendida del techo, que a la vez nos remite al recorrido del viento a través de la sala. Uno de sus extremos se encuentra conectado a una bocina que reproduce una serie de sonidos relacionados con la respiración y cuya vibración viaja a través de cada centímetro de la escultura. El sonido que emite se puede escuchar con una intensidad diferente en cada lugar, lo cual logras percibir al revisar cada ángulo de esta pieza. Pues es una obra transitable, que invita a que sea recorrida y que además te da la sensación de estar flotando en el aire gracias al suelo de cristal por el que se camina. Así, aunque el material que se utiliza contrasta con el lugar, logra establecer una conexión armónica a través del sonido y el recorrido.

La siguiente sala expone la obra de Francisco Muñoz. Y en esta ocasión nuestra mirada se dirige al suelo, pues la obra consta de pequeñas esculturas colocadas a lo largo de él. Inspirado en la erosión de piedras que se da en algún lugar de Tlaxcala a causa del viento, intenta trasladar la sensación de ese paisaje a una sala de exhibición, logrando que en el espacio persista la calma y tranquilidad propias de un jardín. Al caminar por la sala, uno nota que las esculturas reproducen objetos de uso cotidiano hechas de concreto. Pelotas, juguetes, balones e instrumentos musicales que tienen alguna relación con el aire se convierten en fósiles artificiales. Estas ruinas intencionales dialogan con los vestigios debajo de ellas, pues a través de las sombras que se traspasan por el suelo de cristal las dos etapas se mezclan, casi mimetizándose.

A pesar de que las dos obras materializan el viento de forma distinta, logran conjuntarse a través del sonido. Pues el aire, permite que aun estando en la segunda sala no te despidas por completo de la grabación de la obra de Saúl Kaminer. La distancia logra que solo se convierta en un pequeño susurro que se adapta con la sensación que desea transmitir Francisco Muñoz. Y es de esta manera como se logra el diálogo entre dos artistas de diferentes generaciones.


Fernanda Crispín

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.