Memoria Devastada nos presenta el diálogo entre dos
artistas mexicanas, teniendo como eje, la recuperación y re significación de
materiales a través de sus procesos artísticos. Una relación, desde mi punto de
vista, muy mal lograda.
El trabajo de Cecilia Hurtado se sumerge en archivos de
distintas índoles que pone en relación del suyo, personal. Sus preocupaciones
versan acerca de la apropiación de distintos fenómenos y la memoria como agente,
no pasivo sino productivo.
Por otro lado Miriam Salado se preocupa por las
consecuencias que distintos restos materiales tienen para el medio ambiente de
comunidades específicas. Las obras, cuya fortaleza es la expresión formal,
buscar generar conciencia en el espectador de la presencia de dichos residuos y
motivar la reflexión al respecto.
El argumento dialógico sobre la recuperación y
resignificación de recursos se cae, pues esta acción, tanto en Hurtado y más aún
en Salado, no es el fin de la obra sino un medio para la construcción de la
misma. Cuando damos esa lectura nos damos cuenta que ese mismo recurso
creativo, es propio de un sin fin de producciones artísticas; el problema se
acentúa cuando las preocupaciones y las últimas consecuencias de estas
artistas, apuntan a situaciones tan distintas entre ellas que el diálogo no se
realiza.
La indisociable se manifiesta incluso en el espacio, las
obras no dialogan al interior de la sala, se les asigna espacios distintos, se
forma entonces núcleos expositivos, espacios interiores y no un recorrido orgánico.
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