Meiro Koizumi: My Voice Would Reach You
La narrativa, la fotografía, y la
acción performática se conjugan en el cortometraje de Meiro Koizumi. ¿Por qué
separar de esta forma los elementos que pudieses denotarse tanto más
sencillamente de la palabra “cine”? Sucede que la obra trabaja desde cada una
de estas disciplinas, conglomerándose en My
Voice Would Reach You, sin perder por completo su autonomía, en
determinados momentos, como prosa, fotografía, o performance.
El director japonés nos coloca frente
a un personaje, un punto de anclaje entre el constante flujo de un cruce de avenidas,
que mantiene una emotiva conversación por celular con su madre. La cámara se
hace evidente a través de los repetidos cortes cinematográficos, que
interrumpen abruptamente trozos de esta conversación, solo para verla repetirse.
En un segundo momento del
cortometraje, la escena inicial es remplazada por una serie de fotografías,
acompañadas de una narración emotiva y nostálgica sobre una infancia que parece
estar a punto de perderse. Este fragmento funciona construyendo un estado de vulnerabilidad
en la audiencia, apelando a sensaciones extremadamente empáticas, a pesar de su
particularidad.
Sin embargo, al momento esperado de la catarsis, al volvernos a encontrar con el protagonista, una ruptura sobresalta al espectador. Al revelarse el interlocutor de la llamada se hace evidente el juego de lo absurdo, de la no-interacción, que había comenzado a construirse desde el inicio del cortometraje.
Sin embargo, al momento esperado de la catarsis, al volvernos a encontrar con el protagonista, una ruptura sobresalta al espectador. Al revelarse el interlocutor de la llamada se hace evidente el juego de lo absurdo, de la no-interacción, que había comenzado a construirse desde el inicio del cortometraje.
La intimidad y la vida pública se
colocan en un contraste donde ninguna es capaz de afectar a la otra. Fútil
esfuerzo de la disrupción del balance, frustrado por la incapacidad de interacción
entre ambos momentos. Un encuentro de monólogos más que una conversación, donde
se ponen en disputa la vida privada de un hombre, plagado por insuficiencia e
impotencia, y el incontenible ritmo citadino. La frustración se generaliza, y
ambas partes quedan expuestas al ridículo.
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