lunes, 22 de febrero de 2016

MY VOICE WILL REACH YOU: EL DEBER SER EN LA CULTURA JAPONESA

Una situación a la que cualquiera se podría enfrentar como lo es el duelo tras la muerte de un ser querido es aprehendida bajo la visión de Meiro Koizumi en su obra My voice will reach you. A partir de la idiosincrasia de la cultura de la que forma parte logra hacer de una situación íntima una crítica dirigida hacia la forma en que se enfrentan a sus emociones y del deber ser construido en Oriente.
La obra está dividida en tres partes y toma como soporte el video, el cual combina como en obras anteriores con otros recursos. En la primera parte nos presenta a un hombre en medio de un escenario que podemos insertar dentro de la definición del “no-lugar”, un lugar cuya única función es servir como espacio de tránsito para los habitantes japoneses. Esta es una de las primeras contradicciones que construye Koizumi para cuestionar los límites entre lo público y lo privado. Pues, mientras observamos un lugar globalizado lleno de caos, el protagonista se encuentra hablando por teléfono repitiendo un diálogo, que si bien no nos da muchas pistas acerca de la situación a la que se enfrenta, nos da una sensación de intimidad.
Es hasta la segunda parte de la obra cuando podemos comenzar a armar el rompecabezas y por lo tanto saber de qué va la obra. En esta ocasión la pantalla es ocupada casi por completo por una carta, la cual muestra una reflexión interna acerca de la muerte de una persona cercana que juega un papel importante para la vida de todo ser humano: la madre. Esta carta acompañada de música y un ritmo más lento participa para acentuar los sentimientos nostálgicos y melancólicos que nos llevan a la compasión.
Por último, Koizumi nos regresa al lugar de partida con el mismo personaje y el miso diálogo, pero esta vez podemos escuchar la conversación telefónica por parte de los dos participantes. Es un elemento sorpresa lo que escuchamos en este punto, pues quien responde son recepcionistas de compañías. A pesar de que son diversas personas las que responden, todas siguen un diálogo similar, que no se inmuta ante la desgracia del protagonista. Pues todas ellas siguen un protocolo en las que los sentimientos se evaden, y simplemente responden lo que deben aunque la conversación se vuelva casi incoherente.
La delimitación tan marcadas entre lo privado y lo público presentes entre la cultura japonesa se ve acentuado por todas los contrastes que construye en su obra. El artista problematiza y explora su cultura, en un intento de romper con las convenciones sociales en las que predomina el deber ser sobre el deseo como se muestra en el diálogo que llevan a cabo los recepcionistas.

Fernanda Crispín

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