MY VOICE WILL REACH
YOU: EL DEBER SER EN LA CULTURA JAPONESA
Una situación a la que cualquiera se podría enfrentar como lo es el
duelo tras la muerte de un ser querido es aprehendida bajo la visión de Meiro
Koizumi en su obra My voice will reach
you. A partir de la idiosincrasia de la cultura de la que forma parte logra
hacer de una situación íntima una crítica dirigida hacia la forma en que se
enfrentan a sus emociones y del deber ser
construido en Oriente.
La obra está dividida en tres partes y toma como soporte el video, el
cual combina como en obras anteriores con otros recursos. En la primera parte
nos presenta a un hombre en medio de un escenario que podemos insertar dentro
de la definición del “no-lugar”, un lugar cuya única función es servir como
espacio de tránsito para los habitantes japoneses. Esta es una de las primeras
contradicciones que construye Koizumi para cuestionar los límites entre lo
público y lo privado. Pues, mientras observamos un lugar globalizado lleno de
caos, el protagonista se encuentra hablando por teléfono repitiendo un diálogo,
que si bien no nos da muchas pistas acerca de la situación a la que se
enfrenta, nos da una sensación de intimidad.
Es hasta la segunda parte de la obra cuando podemos comenzar a armar el
rompecabezas y por lo tanto saber de qué va la obra. En esta ocasión la
pantalla es ocupada casi por completo por una carta, la cual muestra una
reflexión interna acerca de la muerte de una persona cercana que juega un papel
importante para la vida de todo ser humano: la madre. Esta carta acompañada de
música y un ritmo más lento participa para acentuar los sentimientos nostálgicos
y melancólicos que nos llevan a la compasión.
Por último, Koizumi nos regresa al lugar de partida con el mismo
personaje y el miso diálogo, pero esta vez podemos escuchar la conversación
telefónica por parte de los dos participantes. Es un elemento sorpresa lo que escuchamos
en este punto, pues quien responde son recepcionistas de compañías. A pesar de
que son diversas personas las que responden, todas siguen un diálogo similar,
que no se inmuta ante la desgracia del protagonista. Pues todas ellas siguen un
protocolo en las que los sentimientos se evaden, y simplemente responden lo que
deben aunque la conversación se vuelva casi incoherente.
La delimitación tan marcadas entre lo privado y lo público presentes
entre la cultura japonesa se ve acentuado por todas los contrastes que construye
en su obra. El artista problematiza y explora su cultura, en un intento de
romper con las convenciones sociales en las que predomina el deber ser sobre el deseo como se muestra
en el diálogo que llevan a cabo los recepcionistas.
Fernanda Crispín
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