lunes, 1 de febrero de 2016

Martha E. Saint Martin Luengas
Meiro Koizumi, My Voice Would Reach You.

Meiro Koizumi nos presenta un video seccionado tres. Cada división se entiende un giro que nos permite adentrándonos tanto en la historia como en la mente del personaje, además de mantener al espectador en una constante sensación de intriga.
Comenzamos por pensar es él quien recibe una llamada de su madre. Pensamos en ella como la que agobia a su hijo con la típica preocupación de una madre. Sin embargo, el primer giro se da cuando la llamada se corta y parece ser que es él quien está insistiendo por un fin de semana junto con ella. Para esto debemos resaltar el hecho de que en realidad nunca escuchamos lo que está pasando del otro lado de la línea afirmando lo antes mencionado del gusto del artista por obligar al espectador a estar en un constante estado de creación de hipótesis.
El segundo giro es más claro porque es un corte a una escena en voice-off que revela los pensamientos del personaje. Nos enteramos de que su madre ha muerto y el hombre sufre el arrepentimiento de no haber demostrado el amor y la gratitud que tenía por ella.
Después de este paréntesis la cámara vuelve al hombre hablando por teléfono, pero esta vez podemos  escuchar lo que esta sucediendo del otro lado de la línea. La escena cae entonces en un completo absurdo. El hombre habla por teléfono en el mismo lugar, diciendo las mismas cosas, haciendo las mismas preguntas dirigidas a una madre que se transforma en una persona aleatoria; esto contaría como el giro final.


Así, la obra, más allá de relatarnos la historia de un hombre que perdió a su madre, nos revela el estado de locura al que la soledad, sobre todo en ciudades tan enormes como las de Japón. En donde hay millones de personas interactuando continuamente pero aun así emergidas en su individualidad. Esto se muestra también con un close-up progresivo a la cara de este hombre que nos transmite con más claridad la enajenación en la que se ha sumergido.

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