En enero se inauguró en la celda contemporánea la exposición Del viento y la piedra en la que se buscó tener obra de dos artistas contemporáneos, uno con algunos años de experiencia y el otro con nuevas ideas.
Saúl Kaminer es el artista con más trayectoria, a él le toca la parte del viento que crea con una instalación de tubos flexibles de aluminio, una obra que se supone respira por si sola. Las luces azules que hay alrededor de ella y el sonido que se escucha al entrar a la sala provocan que respires de manera distinta, tranquila. Sin embargo, a mi parecer la obra no aporta nada más que un poco de tranquilidad con ciertos brincos por la variación del sonido, pero tiene una estética que puede llegar a ser fotogénica y verse bien.
En la segunda sala nos encontramos con la piedra realizada por Francisco Muñoz, un artista joven. A mi parecer, la celda contemporánea no es para nada el escenario para exponer esa pieza. Se podría decir que la obra se funde con el ambiente, yo creo que más bien se confunde y no se aprecia como tal vez se apreciaría en una sala blanca. Busca cerrar su pieza al relacionarla con el aire, convierte algunas de sus piedras en objetos aéreos, a mi parecer forzando el material y sin lograr su objetivo.
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