La exposición inaugurada el pasado 23 de febrero, “Del
viento y la piedra”, entre Saúl Kaminer y Francisco Muñoz, busca generar un
diálogo con el espectador acerca de la naturaleza del viento, apoyándose de
metáforas geográficas para discutir conceptos como la memoria, el
vestigio, la trayectoria y el paso del
tiempo. Ambas intervenciones fueron ideadas específicamente para este espacio, formándose
a partir de su interacción con el espacio visual y transitivo de las salas.
La primera estancia cuenta con la intervención de Saúl
Kaminer, quien a partir de tubos de ventilación metálicos, transfiere las
cualidades lineales del dibujo a un espacio tridimensional y transitable. El
viento se hace presente en el ambiente sonoro que propone la obra, emulando la
respiración, y en ello, marcando un ritmo en la experiencia de la obra. En ella
se representa el espacio aéreo, acentuado por la distancia entre el piso
original de la celda, y las placas de cristal que nos separan de él. Las
pulsaciones generadas por la respiración generan un ambiente para la
meditación. Otro punto clave para esta sala es el tránsito. Resulta
indispensable para su apreciación realizar un recorrido, en sintonía con el
ritmo marcado por la respiración, y la linealidad propuesta por la instalación.
En la siguiente estancia nos encontramos con la
instalación de Francisco Muñoz. De haber mantenido nuestra mirada en el aire,
frente a la obra de Kaminer, nos vemos trasladados al suelo. La instalación de
Muñoz consiste de varias esculturas de pequeño formato, esparcidas a lo largo
del espacio, colocadas directamente sobre del piso. En ellas podemos reconocer
las figuras de caracolas y juguetes, asemejando los recuerdos de una infancia
en la cual podemos reconocernos, a la vez que nos extrañamos en su aparición.
La erosión del viento se sugiere por el sonido reminiscente de la sala
anterior. La apariencia formal nos sugiere la idea de fósiles, trayendo a
discusión la idea de vestigios de un pasado enigmático. En esta sala se discute
la memoria, la empatía y la ruina. En este sentido, la instalación dialoga con
el espacio de la antigua celda.
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