Al respecto del bombardeo de
imágenes e información, el exceso de publicidad y el consumo exacerbado ¿Cómo
distinguimos lo verdaderamente auténtico de aquello que nos conducen a sentir?
Final Cut se mueve precisamente en ese límite entre la manipulación y la
vivencia; la obra propone una recopilación de un imaginario que rápidamente se
ha posicionado como tradicional y lo utiliza como un metalenguaje, una manera
para hablar de su propia industria y reflexionar sobre la manera en que nos
reconocemos en ésta.
La obra cinematográfica ha
tenido desde sus inicios una carga anímica especial, la industria holliwoodense
en especial se ha esforzado por capturar y representar una serie de pasiones
que ha reproducido hasta la saciedad, al menos como una vaga expresión, porque
la realidad es que parecemos nunca cansarnos de las mismas historias.
Una observación crítica puede
revelarnos como, en el más puro sentido aristotélico, la industria
cinematográfica conduce nuestras emociones y nos purga de ellas, es decir, nos
educa acerca de cómo debemos sentir al mismo tiempo que pretende agotar
nuestras experiencias en un lapso de 2 horas a 24 cuadros por segundo. Sin
embargo, una observación un poco más aguda y un poco menos en pie de guerra nos
muestra que aquello, más que una imposición dogmática, está expresando una
dialéctica, un enfrentamiento de fuerzas, entre una elección, una opinión, algo
que conscientemente elegimos consumir porque nos revela verdades sobre nosotros
mismo, expone nuestra vivencia a partir de una representación, tal cual lo
haría la literatura; y un aprovechamiento comercial, eso que sentimos como una
doctrina es más una reproducción sistemática de esa preferencia.
Final Cut nos produce un
asombro y un estremecimiento porque no sólo nos hace mirar con otros ojos una
industria tan cercana a nosotros que es casi un desafío a la cotidianidad
misma, sino porque voltea la mirada hacia nuestro interior, lleva a la
consciencia con total claridad la diversidad de manifestaciones con las que
expresamos nuestro sentir del día a día, el metalenguaje no es solamente el
cine hablando del cine, sino nuestras emociones y experiencias hablando de
ellas mismas.
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