lunes, 6 de febrero de 2017

Entre lo particular, lo común, el control y la nada Crítica “Final Cut” de György Pálfi por Luis Angel Jiménez Barrios



Al respecto del bombardeo de imágenes e información, el exceso de publicidad y el consumo exacerbado ¿Cómo distinguimos lo verdaderamente auténtico de aquello que nos conducen a sentir? Final Cut se mueve precisamente en ese límite entre la manipulación y la vivencia; la obra propone una recopilación de un imaginario que rápidamente se ha posicionado como tradicional y lo utiliza como un metalenguaje, una manera para hablar de su propia industria y reflexionar sobre la manera en que nos reconocemos en ésta.

La obra cinematográfica ha tenido desde sus inicios una carga anímica especial, la industria holliwoodense en especial se ha esforzado por capturar y representar una serie de pasiones que ha reproducido hasta la saciedad, al menos como una vaga expresión, porque la realidad es que parecemos nunca cansarnos de las mismas historias.

Una observación crítica puede revelarnos como, en el más puro sentido aristotélico, la industria cinematográfica conduce nuestras emociones y nos purga de ellas, es decir, nos educa acerca de cómo debemos sentir al mismo tiempo que pretende agotar nuestras experiencias en un lapso de 2 horas a 24 cuadros por segundo. Sin embargo, una observación un poco más aguda y un poco menos en pie de guerra nos muestra que aquello, más que una imposición dogmática, está expresando una dialéctica, un enfrentamiento de fuerzas, entre una elección, una opinión, algo que conscientemente elegimos consumir porque nos revela verdades sobre nosotros mismo, expone nuestra vivencia a partir de una representación, tal cual lo haría la literatura; y un aprovechamiento comercial, eso que sentimos como una doctrina es más una reproducción sistemática de esa preferencia.


Final Cut nos produce un asombro y un estremecimiento porque no sólo nos hace mirar con otros ojos una industria tan cercana a nosotros que es casi un desafío a la cotidianidad misma, sino porque voltea la mirada hacia nuestro interior, lleva a la consciencia con total claridad la diversidad de manifestaciones con las que expresamos nuestro sentir del día a día, el metalenguaje no es solamente el cine hablando del cine, sino nuestras emociones y experiencias hablando de ellas mismas.

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