Universidad del Claustro de Sor Juana
Colegio de Arte y Cultura
Estudios e Historia de las Artes – 5° cuatrimestre
Taller de Crítica
Profesor: Napoleón Camacho Brandi
Presenta: María Fernanda Abaroa Pedraza
Incidencias del paisaje industrial: reseña crítica sobre Manufactured Landscapes de Edward Burtynsky
En el presente video documental, Burtynsky deconstruye como objetos de estudio a China y a Bangladesh; estos países funcionan como “engranajes ocultos” del capitalismo, con un potencial para transformar el paisaje en una suerte de distopía moderna, “oasis miméticos” que obedecen a la industrialización y al progresismo. El espectador no es más que un niño que a tientas descubre la crudeza de algo que creía seguro, y que a la conclusión de este material, se sentirá traicionado y manipulado.
En primera instancia, se nos presenta al país chino con una aparente formación organizacional: la industria, la economía y el mercado han llevado al surgimiento y expansión de cientos de fábricas, que son mantenidas en funcionamiento por gran número de empleados. Es intimidamente la mecanización con la cumplen sus operaciones los trabajadores. Se les ha deshumanizado al grado de que sus resultados son comparables a los de una máquina, y lo peor es que quizás el estrés al que estas personas han sido sometidas, cumple también como una herramienta que les ha convencido de esto mismo. Burtynsky nos invita a ver “la otra cara de la moneda”, una cara que sigilosamente nos deja reconocer las evidencias de la creación y la producción en masa que se lleva a cabo en estos espacios.
Todos estos escenarios los damos por hecho sin conocerlos en realidad. Hablar sobre reciclaje puede ser muy propositivo y hasta positivo, “¡eh, estamos cambiando al mundo -y claro que lo estamos haciendo, ¿acaso para bien?-!”, hasta que nos aproximamos lo suficiente como para enfrentar, para colmo, un “delirio metacapitalista” más: un pueblo cuyos cimientos no son otros que torres de basura electrónica. Burtynsky explica enseguida qué hay locales comerciales con acceso a nichos repletos de desperdicios electrónicos, los cuales deberán de ser separados para rescatar aquellas partes cuyos materiales sigan siendo útiles para la creación de nuevos productos. Quienes se encargan de estas tareas se encuentran en constante exposición a gases tóxicos, que no sólo inhalan, sino incluso beben, pues estos contaminantes se filtran hasta las profundidades de los mantos acuíferos que alimentan a dichas poblaciones. A menudo tendemos a creer que una de las vías para preservar al medio ambiente es la de reciclar o reusar aquello ya existente, y quizás se deba mantener esta llamada “promoción del reciclaje”, pero también considero fundamental el cuestionarnos “lo realmente necesario”, ya que solo disminuyendo la demanda, disminuirá la oferta. Y es que, ¿para qué pensar en reciclar, cuándo podemos pensar en dejar de crear cosas que se tengan que reciclar después de haber cumplido su función primigenia?
En primera instancia, se nos presenta al país chino con una aparente formación organizacional: la industria, la economía y el mercado han llevado al surgimiento y expansión de cientos de fábricas, que son mantenidas en funcionamiento por gran número de empleados. Es intimidamente la mecanización con la cumplen sus operaciones los trabajadores. Se les ha deshumanizado al grado de que sus resultados son comparables a los de una máquina, y lo peor es que quizás el estrés al que estas personas han sido sometidas, cumple también como una herramienta que les ha convencido de esto mismo. Burtynsky nos invita a ver “la otra cara de la moneda”, una cara que sigilosamente nos deja reconocer las evidencias de la creación y la producción en masa que se lleva a cabo en estos espacios.
Todos estos escenarios los damos por hecho sin conocerlos en realidad. Hablar sobre reciclaje puede ser muy propositivo y hasta positivo, “¡eh, estamos cambiando al mundo -y claro que lo estamos haciendo, ¿acaso para bien?-!”, hasta que nos aproximamos lo suficiente como para enfrentar, para colmo, un “delirio metacapitalista” más: un pueblo cuyos cimientos no son otros que torres de basura electrónica. Burtynsky explica enseguida qué hay locales comerciales con acceso a nichos repletos de desperdicios electrónicos, los cuales deberán de ser separados para rescatar aquellas partes cuyos materiales sigan siendo útiles para la creación de nuevos productos. Quienes se encargan de estas tareas se encuentran en constante exposición a gases tóxicos, que no sólo inhalan, sino incluso beben, pues estos contaminantes se filtran hasta las profundidades de los mantos acuíferos que alimentan a dichas poblaciones. A menudo tendemos a creer que una de las vías para preservar al medio ambiente es la de reciclar o reusar aquello ya existente, y quizás se deba mantener esta llamada “promoción del reciclaje”, pero también considero fundamental el cuestionarnos “lo realmente necesario”, ya que solo disminuyendo la demanda, disminuirá la oferta. Y es que, ¿para qué pensar en reciclar, cuándo podemos pensar en dejar de crear cosas que se tengan que reciclar después de haber cumplido su función primigenia?
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