martes, 7 de febrero de 2017

Incidencias del paisaje industrial - Reseña: ''Manufactured Landscapes'' de Edward Burtynsky

Universidad del Claustro de Sor Juana
Colegio de Arte y Cultura
Estudios e Historia de las Artes – 5° cuatrimestre
Taller de Crítica 
Profesor: Napoleón Camacho Brandi
Presenta: María Fernanda Abaroa Pedraza

Incidencias del paisaje industrial: reseña crítica sobre Manufactured Landscapes de Edward Burtynsky

En el presente video documental, Burtynsky deconstruye como objetos de estudio a China y a Bangladesh; estos países funcionan como “engranajes ocultos” del capitalismo, con un potencial para transformar el paisaje en una suerte de distopía moderna, “oasis miméticos” que obedecen a la industrialización y al progresismo. El espectador no es más que un niño que a tientas descubre la crudeza de algo que creía seguro, y que a la conclusión de este material, se sentirá traicionado y manipulado. 

En primera instancia, se nos presenta al país chino con una aparente formación organizacional: la industria, la economía y el mercado han llevado al surgimiento y expansión de cientos de fábricas, que son mantenidas en funcionamiento por gran número de empleados. Es intimidamente la mecanización con la cumplen sus operaciones los trabajadores. Se les ha deshumanizado al grado de que sus resultados son comparables a los de una máquina, y lo peor es que quizás el estrés al que estas personas han sido sometidas, cumple también como una herramienta que les ha convencido de esto mismo. Burtynsky nos invita a ver “la otra cara de la moneda”, una cara que  sigilosamente nos deja  reconocer las evidencias de la creación y la producción en masa que se lleva a cabo en estos espacios.

Todos estos escenarios los damos por hecho sin conocerlos en realidad. Hablar sobre reciclaje puede ser muy propositivo y hasta positivo, “¡eh, estamos cambiando al mundo -y claro que lo estamos haciendo, ¿acaso para bien?-!”, hasta que nos aproximamos lo suficiente como para enfrentar, para colmo, un “delirio metacapitalista” más: un pueblo cuyos cimientos no son otros que torres de basura electrónica. Burtynsky explica enseguida qué hay locales comerciales con acceso a nichos repletos de desperdicios electrónicos, los cuales deberán de ser separados para rescatar aquellas partes cuyos materiales sigan siendo útiles para la creación de nuevos productos. Quienes se encargan de estas tareas se encuentran en constante exposición a gases tóxicos, que no sólo inhalan, sino incluso beben, pues estos contaminantes se filtran hasta las profundidades de los mantos acuíferos que alimentan a dichas poblaciones. A menudo tendemos a creer que una de las vías para preservar al medio ambiente es la de reciclar o reusar aquello ya existente, y quizás se deba mantener esta llamada “promoción del reciclaje”, pero también considero fundamental el cuestionarnos “lo realmente necesario”, ya que solo disminuyendo la demanda, disminuirá la oferta. Y es que, ¿para qué pensar en reciclar, cuándo podemos pensar en dejar de crear cosas que se tengan que reciclar después de haber cumplido su función primigenia?

Tras presentar a China como un ''gigante creador -del desperdicio-'', Burtynsky nos invita a cuestionar el rol del Puerto de Chittagong en Bangladesh como un “dispositivo de destrucción”; en Chittagong, las condiciones de los trabajadores parecen ser muy diferentes a las que se exponen en China, pero no hay que perder de vista que se nos insinúa la deshumanización como hilo conductor. Sin aparentes modelos organizacionales, los trabajadores son forzados a cumplir con tareas infames y humillantes, donde la mano de obra tiene “fecha de caducidad” para sus empleadores, quienes evidentemente se rigen por un modelo jerárquico, autoproclamándose como “una deidad” capaz de decidir sobre el derecho a la vida del(los) otro(s). Nadando con contacto directo entre petróleo y crudo, es claro que ésta gente no ha de vivir muchos años. Se trata de un escenario surrealista y con apariencia post-apocalíptica, cuyas escenas cotidianas no son otras que las de osamentas cubiertas en viscosa negritud, expuestas a esfuerzos físicos y psicológicos infrahumanos. Sobre lo anterior, Burtynsky menciona: “algunas veces, mientras conduzco, pienso en la gasolina y su procedencia. También pienso en la procedencia del plástico del que estaba hecho su volante, o la pintura que cubría al automóvil, o el asfalto del que estaba hecha la carretera”, el director afrontó entonces la terrible conexión entre su consumo y aparente necesidad cotidiana por financiar la demanda de productos hechos a base de petróleo y sus derivados, afrontó la imparable extracción de estos hidrocarburos, y las consecuencias geopolíticas y sociales que giran en torno a esta(s) realidad(es). Si algo nos deja de manifiesto Manufactured Landscapes, es que la materia prima clave para la industrialización y la globalización desenfrenada es el valor del petróleo y la explotación no laboral, sino capital-humana, que el primer mundo occidental se esmera fervientemente en cargar consigo como estandartes.

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