lunes, 6 de febrero de 2017

My voice would reach you
En la obra “My voice would reach you” el artista Meiro Koizumi presenta a través de un video a un hombre en un lugar de la ciudad sumamente concurrido, rodeado de muchas personas, autos y ruido, llama a su madre por teléfono y comienza una conversación de la cuál nosotros solamente podemos escuchar la voz del sujeto, nos indica que entablan una conversación sobre salir de la ciudad el fin de semana y la intenta convencer, él ya es mayor y autosuficiente, por lo que por tradición, invitar a su madre en un viaje juntos es una gran demostración de cariño. Posteriormente, el video pierde el sonido y lo que podemos observar son distintos lugares de la ciudad acompañados por los versos de una carta escrita por el sujeto y dirigida hacia su madre, y que podemos inferir que ha muerto. En este sentido, de alguna manera las palabras de éste hombre intentan alcanzar los oídos de su madre en la muerte.
En la parte final del video, se repite el mismo diálogo que entabla el sujeto por teléfono, pero esta vez, podemos escuchar al interlocutor, se trata de líneas de servicio, ya sea banco, call-center, etc. La amabilidad que representa a la cultura japonesa, no les permite colgar al no entender el motivo de la llamada del sujeto, quien persiste en mantener el diálogo y de momento se torna melancólico, le pregunta si lo está escuchando y continúa con la conversación a pesar de que las respuestas de los distintos interlocutores no siguen la conversación.
De esta forma, la pieza evoca las contradicciones del mundo en el que nos encontramos, como bien menciona Marc Augé [1]“La sobremodernidad es productora de no lugares, es decir, de espacios que no son en sí lugares antropológicos (…) un mundo así prometido a la individualidad solitaria, a lo provisional y a lo efímero”. Esto es, lugares que como en la pieza se muestran, se encuentran llenos de personas, sin embargo no existe ninguna relación más que con la individualidad y dentro de éste espacio, el sujeto decide realizar una llamada de la que es consiente no tendrá respuesta, sin embargo aún tiene la esperanza de que de alguna manera, las palabras lleguen al encuentro con su madre. De la misma forma en que nosotros transitamos nuestra cotidianeidad dentro de estos “no lugares” es como el sujeto se ve inmerso dentro de su soledad y melancolía, llena de personas y movimiento, contrario a lo que podríamos imaginar que es la soledad, como un estado rígido y deshabitado; invita al espectador a enfrentarse a las emociones que evoca en el sujeto y en nosotros mismos.



[1] Augé, Marc, Los <<no lugares>> espacios del anonimato. Una antropología de la sobremodernidad , Editorial Gedisa, 2000, Barcelona, España. (pp. 83-84).


Nicole Ollin López Tenorio

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