My
voice would reach you
En la obra “My voice
would reach you” el artista Meiro Koizumi presenta a través de un video a un
hombre en un lugar de la ciudad sumamente concurrido, rodeado de muchas
personas, autos y ruido, llama a su madre por teléfono y comienza una
conversación de la cuál nosotros solamente podemos escuchar la voz del sujeto, nos
indica que entablan una conversación sobre salir de la ciudad el fin de semana
y la intenta convencer, él ya es mayor y autosuficiente, por lo que por
tradición, invitar a su madre en un viaje juntos es una gran demostración de
cariño. Posteriormente, el video pierde el sonido y lo que podemos observar son
distintos lugares de la ciudad acompañados por los versos de una carta escrita
por el sujeto y dirigida hacia su madre, y que podemos inferir que ha muerto.
En este sentido, de alguna manera las palabras de éste hombre intentan alcanzar
los oídos de su madre en la muerte.
En la parte final del
video, se repite el mismo diálogo que entabla el sujeto por teléfono, pero esta
vez, podemos escuchar al interlocutor, se trata de líneas de servicio, ya sea
banco, call-center, etc. La amabilidad que representa a la cultura japonesa, no
les permite colgar al no entender el motivo de la llamada del sujeto, quien
persiste en mantener el diálogo y de momento se torna melancólico, le pregunta
si lo está escuchando y continúa con la conversación a pesar de que las
respuestas de los distintos interlocutores no siguen la conversación.
De esta forma, la pieza
evoca las contradicciones del mundo en el que nos encontramos, como bien
menciona Marc Augé [1]“La
sobremodernidad es productora de no lugares, es decir, de espacios que no son
en sí lugares antropológicos (…) un mundo así prometido a la individualidad
solitaria, a lo provisional y a lo efímero”. Esto es, lugares que como en la
pieza se muestran, se encuentran llenos de personas, sin embargo no existe
ninguna relación más que con la individualidad y dentro de éste espacio, el
sujeto decide realizar una llamada de la que es consiente no tendrá respuesta,
sin embargo aún tiene la esperanza de que de alguna manera, las palabras
lleguen al encuentro con su madre. De la misma forma en que nosotros
transitamos nuestra cotidianeidad dentro de estos “no lugares” es como el
sujeto se ve inmerso dentro de su soledad y melancolía, llena de personas y movimiento,
contrario a lo que podríamos imaginar que es la soledad, como un estado rígido
y deshabitado; invita al espectador a enfrentarse a las emociones que evoca en
el sujeto y en nosotros mismos.
[1] Augé, Marc, Los <<no lugares>> espacios del anonimato. Una antropología
de la sobremodernidad , Editorial Gedisa, 2000, Barcelona, España. (pp.
83-84).
Nicole Ollin López Tenorio
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