lunes, 6 de febrero de 2017

Problemas tradicionales y soluciones innovadoras Crítica de Manufactured Landscapes de Edward Burtynsky Por Luis Angel Jiménez Barrios

Cuando hablamos de tradición traemos a la conciencia un campo muy vasto de imágenes, desde cosas particulares como comportamientos heredados de la familia hasta cuestiones que trascienden el tiempo, como tradiciones de representación; cercanas a estas últimas en cuanto a amplitud podemos encontrar una “tradición de los problemas”, pienso en estas formas y actitudes recursivas a las que volvemos para enfrentar un determinado problema, ya sea para evadirlo, solucionarlo o incluso para enunciarlo.

Esta actitud de repetición es parte sustancial de nuestra vida, implica siempre un ejercicio de memoria de la mano de comprobaciones fácticas, en cuanto algo parece dar resultado nos atenemos a ello, nos lo apropiamos y depositamos cierta confianza que se traduce en volver en cuanto se presente una situación similar a aquella que lo detonó por primera vez, sin embargo, desde los tratados de mnemotecnia de la antigüedad que veían en la memoria un valor retórico muy importante, hasta trabajos más cercanos a nosotros como el Teatro Filosófico de Foucault o Repetición y diferencia de Gilles Deleuze, podemos encontrar en este uso práctico de la memoria una reducción muy importante, nos limitamos a nosotros mismos privándonos de una creatividad frente a los problemas.
Esta especie de conformismo se vuelve importante cuando nos evita encontrar soluciones a nuestros problemas, una repetición sin diferencia nos lleva a ontologizar los problemas, naturalizando posibles respuestas aun cuando éstas no resuelvan nada. Este es el tipo de comportamiento que se nos hace evidente frente al trabajo fotográfico de Burtynsky.

Una propuesta artística, cualquiera, pero sobre todo una que tiene por objeto el caos ecológico es difícil mantenerlo como puramente objetivo y neutral, siempre parece existir una toma de posición que comienza desde la decisión de manifestarse sobre el tema elegido. En este caso, la primera es una postura que podríamos llamar ética, es decir, condenar las condiciones de producción y manejo de los recursos que nos han llevado a esta crisis ecológica; la segunda es un poco más dinámica, el tratamiento del tema que en ocasiones se acompaña con una propuesta para solucionar el problema. En Manufactured Landscapes ocurre algo curioso, un desliz en la intencionalidad de la obra artística, como un error que se ha escapado a los involucrados y es que parece haber una diferencia radical entre las posturas tanto del artista con sus fotografías como de la película.

La producción y el tratamiento de los desechos humanos y su consecuencia ecológica son un tema de gran preocupación desde el siglo pasado y se ha articulado alrededor de éste problema una clara tradición para enfrentarlo, el ya conocido discurso ambientalista que busca generar conciencia sobre nuestras costumbres, alterar nuestras prácticas y se puede ver una pretensión utópica en su fin último de dejar de producir tales desechos. Burtynsky reconoce la imposibilidad de este ideal y busca, con la fuerza de su mensaje estético, subvertir la mirada de los espectadores, poner en duda aquello que saben o creen saber sobre el problema que acontece y buscar nuevas soluciones.

Cuando el artista enuncia al inicio de la película que su pretensión no es la de un discurso ecológico sino el de mostrar estéticamente una realidad objetiva parece mantenerse inactivo ante el problema, sin embargo al analizar su trabajo y los procesos de producción que son todo menos objetivos, podemos decir que su verdadero objetivo es deslindarse de esta tradición ambientalista y la primera diferencia radical que introduce con su obra es que los desechos son connaturales a la actividad humana, la idea de progreso está construida sobre una historia invisible de consecuencias, la solución no es buscar deshacernos de los desechos, valga la redundancia sino aproximarnos a ellos y encontrar maneras distintas de entenderlos y tratarlos.

Por otro lado, la película se separa de este nuevo discurso, no se apropia de la diferencia que busca introducir el artista y en su lugar vuelve al discurso ambientalista, si bien no lo hace tan explícito en los diálogos, las secuencias de imágenes y la música no sólo dramática sino altamente nostálgica nos llevan a un estado de decisiones extremas, donde la única solución posible parece ser suspender la producción de desechos.

Este enfrentamiento de posturas, más allá de un malentendido debemos verlo como una motivación, una razón para profundizar directamente en la obra del artista y dejarnos penetrar por esta propuesta distinta. La tradición ha consolidado y validado un discurso que en más de 60 años no ha dado resultados, se ha vuelto, como menciona el filósofo Zizek, una “petición infinita”, un camino que no conduce a nada, la evidencia la tenemos frente a nosotros, no sólo en nuestro día a día en donde podemos observar como la crisis aumenta sino también en la larga producción de manifiestos al respecto, todos con las mismas consignas y los resultados invisibles.


Resulta sumamente interesante seguir el pensamiento de Burtynsky, sondear el problema mismo y dudar de su naturaleza, de esa manera de entenderlo que nosotros mismo hemos construido, esto se vuelve un ejercicio enteramente reflexivo en tanto volver sobre nuestro propios pasos para observar qué y cómo hemos hecho algo, así como volteamos hacia nuestra propia razón para entender nuestras acciones debemos voltear hacia nuestra construcción de los problemas para dirigir nuestros esfuerzos hacia soluciones.

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