La mirada y todo en general todo al respecto de la visión ha
sido un tema paradigmático desde tiempos de Platón, pues va cargada de
distintas concepciones fundamentales en nuestra idea de razonamiento y constitución
humana, tales como intencionalidad, introspección, la apertura al mundo, etc.
Una historia del estudio de la mirada es también una historia de la mirada
misma, pues no es difícil percatarnos que la mayoría de las cosas que estos
estudios describen son parte del proceso mismo de análisis y escritura sobre la
mirada, es decir, el estudioso se encuentra parado en un sitio específico desde
el cual voltea a ver una cualidad específica de un fenómeno en particular, se
detiene y analiza de arriba hacia abajo, de un lado a otro, pone atención a sus
partes, a la forma, etc. etc.
Me gusta describir el trabajo de Beckett como una
encrucijada pues ambos significados de la palabra parecen ser adecuados para
ello, Film es al mismo tiempo el punto de encuentro de muchas perspectivas
distintas y la presentación de un problema complejo con múltiples salidas. Este
punto de encuentro, donde se reúnen los muchos acercamientos que ha tenido la
mirada es precisamente el hombre, ese hombre que somos todos y cada uno de
nosotros y las distintas salidas son o somos de nuevo los hombres, aunque esta
vez, cada uno de nosotros que es al mismo tiempo todos nosotros. Me gusta hacer
esta inversión de los conceptos porque en el primer caso es un hombre anónimo,
genérico, que nos representa lo que nos es común a todos y se manifiesta de
manera particular en cada uno de nosotros, mientras que el segundo es más bien
algo que nace desde la personalidad de cada quién, la interpretación del trabajo
de Beckett que es pura subjetividad pero que por el tema es fácilmente extensible
a una generalidad humana.
Aún cuando la actitud que interesa es claramente una, el
huir de la mirada, la verdadera pregunta ¿por qué?, es la que nos abre a las
posibilidades, ¿en qué momentos hemos sentido la necesidad de huir de la
mirada? Una de las más obvias para la vida cotidiana podría ser para huir de
juicios, pasar desapercibida implica escapar a la opinión de los demás, sin
embargo, podemos dar un paso más allá y llegar la significación del mundo, los
juicios que emitimos no solo de personas sino de las cosas del mundo en general
van cargados no sólo de la manera en que percibimos a las cosas sino también de
la forma en que nos relacionamos o nos gustaría relacionarnos con dichas cosas.
La más terrible de estas cosas del mundo, somos nosotros
mismos, pues cierra por completo el círculo de la mirada, volteamos a vernos
como una cosa más del mundo pero con completa conciencia de que no lo somos, pues
el observador y lo observado son la misma cosa, el acto de ver(nos) implica
siempre un juego entre la actualidad y la potencia, captamos cosas para
devolverlas nuevas y reinventadas, un acto maravilloso y sin duda alguna,
terrible por la misma naturaleza de la acción.
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