lunes, 6 de febrero de 2017

La encrucijada de la mirada Una crítica a FILM de Samuel Beckett Por Luis Angel Jiménez Barrios

La mirada y todo en general todo al respecto de la visión ha sido un tema paradigmático desde tiempos de Platón, pues va cargada de distintas concepciones fundamentales en nuestra idea de razonamiento y constitución humana, tales como intencionalidad, introspección, la apertura al mundo, etc. Una historia del estudio de la mirada es también una historia de la mirada misma, pues no es difícil percatarnos que la mayoría de las cosas que estos estudios describen son parte del proceso mismo de análisis y escritura sobre la mirada, es decir, el estudioso se encuentra parado en un sitio específico desde el cual voltea a ver una cualidad específica de un fenómeno en particular, se detiene y analiza de arriba hacia abajo, de un lado a otro, pone atención a sus partes, a la forma, etc. etc.

Me gusta describir el trabajo de Beckett como una encrucijada pues ambos significados de la palabra parecen ser adecuados para ello, Film es al mismo tiempo el punto de encuentro de muchas perspectivas distintas y la presentación de un problema complejo con múltiples salidas. Este punto de encuentro, donde se reúnen los muchos acercamientos que ha tenido la mirada es precisamente el hombre, ese hombre que somos todos y cada uno de nosotros y las distintas salidas son o somos de nuevo los hombres, aunque esta vez, cada uno de nosotros que es al mismo tiempo todos nosotros. Me gusta hacer esta inversión de los conceptos porque en el primer caso es un hombre anónimo, genérico, que nos representa lo que nos es común a todos y se manifiesta de manera particular en cada uno de nosotros, mientras que el segundo es más bien algo que nace desde la personalidad de cada quién, la interpretación del trabajo de Beckett que es pura subjetividad pero que por el tema es fácilmente extensible a una generalidad humana.

Aún cuando la actitud que interesa es claramente una, el huir de la mirada, la verdadera pregunta ¿por qué?, es la que nos abre a las posibilidades, ¿en qué momentos hemos sentido la necesidad de huir de la mirada? Una de las más obvias para la vida cotidiana podría ser para huir de juicios, pasar desapercibida implica escapar a la opinión de los demás, sin embargo, podemos dar un paso más allá y llegar la significación del mundo, los juicios que emitimos no solo de personas sino de las cosas del mundo en general van cargados no sólo de la manera en que percibimos a las cosas sino también de la forma en que nos relacionamos o nos gustaría relacionarnos con dichas cosas.


La más terrible de estas cosas del mundo, somos nosotros mismos, pues cierra por completo el círculo de la mirada, volteamos a vernos como una cosa más del mundo pero con completa conciencia de que no lo somos, pues el observador y lo observado son la misma cosa, el acto de ver(nos) implica siempre un juego entre la actualidad y la potencia, captamos cosas para devolverlas nuevas y reinventadas, un acto maravilloso y sin duda alguna, terrible por la misma naturaleza de la acción.

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